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“Calibrar” el ajuste

Jueves, 19 Noviembre 2020 13:59

Otra palabra más para el diccionario político de cómo decir ajuste, que se suma a “sintonía fina”, “sinceramiento”, “reforma permanente”, “reperfilar” y tantos otros. Ahora, “calibrar” significa: acomodar los engranajes de la economía y la política al protocolo del FMI de mayor ajuste y sumisión al capital extranjero.

Para eso reflotan viejas recetas, como un pacto social con los grandes empresarios y la burocracia sindical, para buscar contener los procesos de lucha de clase ante el ataque. Pero son pactos débiles ante el nivel de crisis, ya que es imposible unificar en el sistema capitalista, donde lo que prima es la competencia de capitales y alguno debe perder o ceder. Es un buen ejemplo la reciente ley votada de impuesto a las riquezas, donde se recauda para darle a YPF, de capital mixto, es decir, se redistribuyen las ganancias entre las fracciones capitalistas. Siempre es importante resaltar que los marxistas no luchamos por imponer impuestos, es un mecanismo de la economía burguesa para sostener a sus Estados. Nosotros combatimos el estatismo.

“Calibrar” apunta a la devaluación que se está produciendo, para que no ocurra de manera desordenada. Planean devaluar entre el 10 o 15%, como les pide el FMI. Ya están avisadas las grandes patronales, que después de especular con el dólar, porque son las que los tienen, se sentaron a negociar con el gobierno el rumbo económico. El poder es de los grandes empresarios y el capital financiero, el gobierno es el que administra sus intereses.

“Calibrar” es aumento de tarifas, eliminación del IFE y el ATP a las empresas, reducción de presupuesto a obras públicas, la baja los salarios de los jubilados con una nueva ley de movilidad jubilatoria, salarios de miseria para los trabajadores estatales, cuando la inflación está por arriba del 35%. Todas medidas que el macrismo festejaría de pie. Para los capitalistas, el ajuste es para que no pierdan, un festival de bonos a los grandes especuladores para dolarizar la deuda en pesos y de esta forma aumentar la deuda externa, para contener el tipo de cambio.

Todo milimétricamente pensado para convencer al FMI de que el gobierno de los Fernández es mejor garante que el anterior macrista. Por eso, tantas cartas de amor han aparecido en estos días, donde se dicen “no sos vos, soy yo”, “no, ambos tenemos la culpa” y tantas otras estupideces ante el fracaso de todas las fracciones burguesas que dirigieron el país durante años, lo que se expresa de forma más decadente ante la debacle por la crisis mundial y la aceleración de esta situación por la pandemia.

Por eso el desalojo en Guernica y en otras partes del país. Este 19 de noviembre hubo otro desalojo en el barrio estación Ferreyra de Córdoba con represión y detenidos. Todo esto para demostrar que defienden la propiedad privada, ante todo. El asesinato de Facundo Castro fue para mostrar el control e impunidad de las fuerzas represivas hacia la juventud. Es evidente el desprecio por las condiciones laborales de la gran mayoría de los trabajadores que tuvieron que salir a ganar el mango en medio de la pandemia.

Tenemos que enfrentar este ajuste porque vienen para pauperizar aún más nuestras condiciones de vida, con despidos, suspensiones, salarios a la baja, mayor ataque a los activistas y delegados combativos.

Debemos preparar las condiciones para un paro general, con asambleas de base, plenarios de delegados regionales, con mandato de base que se imponga a las burocracias sindicales, con los métodos de la clase, en la necesidad de enfrentar a este gobierno y el pacto con el FMI. Hay que paralizar el país, recuperar lo perdido en la pandemia, por la reapertura de las paritarias, y un programa obrero de salida a la crisis.

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  • El Ahora 12 del FMI

    El gobierno anunció un principio de acuerdo con el FMI con respecto al stand by que le habían dado a la administración anterior de Macri. Es decir, que legaliza la estafa de aquel crédito e hipoteca al pueblo argentino a pagar esa deuda. Queda demostrado cuáles son los intereses a los que responde el gobierno de los Fernández y sus aliados de la oposición burguesa como Juntos por el Cambio, así como la Sociedad Rural y todo el empresariado, quienes saludaron el “entendimiento” con el Fondo.

    El principio de acuerdo, donde aún debe definirse la letra chica, es un plan de ajuste gradual donde el FMI tendrá más injerencia directa en el desarrollo de la economía argentina. Se acordaron revisiones trimestrales del organismo con derecho a veto, para vigilar que se cumpla con los designios del imperialismo. En el trazo grueso del entendimiento, la Argentina se compromete a bajar la emisión monetaria, reducir subsidios, moderar la inflación y subir las tasas de intereses. A cambio de llevar a cabo ese plan, lo habilitan para tomar deuda ya no solo del FMI sino de otros países miembros del organismo como el Club de París, por ejemplo.

    El gobierno vende el pre acuerdo como un logro, ya que según dice, no se le exige un ajuste. Esto es, por supuesto, parte del “relato” ya que es sabido que el ajuste lo vienen realizando desde que asumieron, mediante el proceso inflacionario, las mini devaluaciones, el aumento en las tarifas, la caída en los salarios y el ajuste en las jubilaciones. Con su funcionario fiel, Martin Guzmán, el gobierno preparó el acuerdo con el FMI buscando no tener que poner la palabra “ajuste” por escrito, sobre todo luego de las fricciones dentro del PJ que generó la derrota electoral y el intento fallido de provocar un giro argumental con la carta de Cristina.

    La otra pata del relato es el argumento de que el FMI no habría pedido cambios estructurales, es decir reformas laborales, previsionales o tributarias, ya que este pre acuerdo se centra en equilibrar la política fiscal, y una vez encaminado ese objetivo vendrán por lo importante.

    Ante los sectores descontentos con los términos del acuerdo, el kircherismo hace lo que siempre hacen las fracciones burguesas y pequeño burguesas: echarles la culpa a las masas por haber votado a Macri. Esgrimiendo el ya desgastado argumento de que no les daban las fuerzas para otra cosa dado que venían de perder las elecciones y las masas no iban a salir a enfrentar al FMI. Lo que en realidad lograron es un poco de aire para seguir defendiendo sus intereses y evitar la idea de las masas en la calle, lo cual les da un verdadero terror.

    El principio de acuerdo plantea 2 años y medio de gracia donde no hay que pagar vencimientos de esta deuda y después se comienza a devolver el préstamo con otro préstamo del FMI a 10 años. De esta manera, al FMI le cierran las cuentas y la Argentina no sólo se queda con la deuda, sino que la acrecienta.

    Esta especie de “Ahora 12” del FMI, expresa el nivel de crisis mundial que aceleró la pandemia, ya que si Argentina entraba en default podía generar una crisis importante en la región y un cimbronazo mayor en la economía mundial, mostrando la debilidad histórica de un organismo en descomposición que no logra contener los efectos de la crisis económica mundial.

    En un país semicolonial como el nuestro, la burguesía no es independiente y por lo tanto debe poner su destino histórico en manos del imperialismo para enfrentar al proletariado de su país y de la región.  Es una clase parasita que no produce, es por eso que por más que se esfuercen en decir que no van a pagar con el hambre del pueblo, van a pagar con el hambre del pueblo porque el proletariado es el único que posee una fuerza de trabajo que puede crear valor y plusvalor y la razón de ser de los capitalistas es apropiarse del trabajo ajeno.  Es en la explotación de nuestra clase de donde saldrán los recursos para pagar la deuda, todo acuerdo de pago de deuda se basa en el canje por nuevos bonos, sus intereses y sus plazos están determinados por el nivel de ajuste a la clase trabajadora que está dispuesta a implementar nuestra clase enemiga. Es, en realidad, un derecho sobre el trabajo futuro que producirá supuestamente el plusvalor del que el interés (una retribución por la pura propiedad) será una parte.

    Nosotros levantamos el no pagar la deuda externa que significa una pelea por la destrucción del Estado burgués, atacando al régimen capitalista en su base, en la producción.

    Expropiar a las grandes empresas imperialistas, control obrero, escala móvil de salarios y de horas de trabajo, no son consignas para reformar al capital, es parte del programa transicional de la lucha por el poder, por la necesidad de un gobierno obrero para imponer las etapas de la dictadura del proletariado. 

    Es un debate que tenemos que llevar al interior de nuestra clase y desenmascarar a los enemigos en nuestras filas, como la burocracia sindical que salió a festejar el acuerdo, y ya anticipó que seguirán adecuando la discusión paritaria a la política de ajuste que ahora profundiza el gobierno como ofrenda al imperialismo.

    Debemos movilizarnos como hicimos en diciembre del año pasado en contra del FMI y el gobierno, en contra del acuerdo, pero siendo claros en nuestro programa de independencia de clase. Es peligroso confundir banderas con los descontentos del ala k, que plantean suspensión de la deuda o no al ajuste del FMI sin nombrar al gobierno, como lamentablemente hace un sector de la izquierda para buscar un diálogo que no existe. Parecen no entender, a pesar de tantos fracasos, que es imposible romper un ala del peronismo que vaya hacia una perspectiva revolucionaria mediante el método de diluirse programática y organizativamente en el estatismo pequeñoburgués.  Debemos movilizarnos de manera diferenciada de estos sectores kirchneristas y combatir su programa hasta el final, plantear mociones diferenciadas en las asambleas y dejar en claro que los trabajadores que salimos a luchar no tenemos que mostrarle nada a Alberto ni tenemos que “hacerle saber” nada en las calles, sino que tenemos que apuntar a derrotar a este gobierno sumiso al imperialismo e imponer nuestra propia perspectiva de clase.

     

     

  • A 20 años del 19 y 20

    Este nuevo aniversario del 19 y 20 de diciembre nos encuentra en medio de un brutal ajuste y ataque a los trabajadores. Políticos, patrones y burócratas sindicales, junto a la iglesia están tratando de garantizar la paz social para preparar el terreno del gran acuerdo y sumisión al programa del FMI.

    El mundo se encuentra convulsionado, la crisis mundial se sigue desarrollando en medio de una pandemia. El proceso de crisis mundial se encamina a una recesión aguda con tendencias a una depresión y, podemos decir, que lo que prima en el estadio general del capitalismo no es el estancamiento (relación entre auges cortos y crisis), sino más bien en una tendencia a declinación de las fuerzas productivas.

    La tendencia a la depresión económica se asienta en las dificultades de recuperación de las grandes potencias, en un escenario que ellos mismos han denominado “post pandemia”, al cual hay que sumar procesos de crisis de deuda y la aparición de una tendencia inflacionaria que no se veía desde hacía muchos años en las grandes economías.

    Los trabajadores en Latinoamérica nos encontramos en medio de la crisis mundial con procesos de masas, enfrentando los embates de los gobiernos de turno que quieren imponer los avances en las condiciones de vida que nos arrebataron en la pandemia. Chile, Ecuador, Colombia, para nombrar algunos casos, muestran que las masas van a dar pelea ante el ataque.

    A 20 años de aquel 19 y 20 de diciembre del 2001, en que una insurrección espontánea tiró al gobierno radical de la Alianza de De la Rúa, donde hubo 39 muertos y los responsables políticos siguen caminando por las calles, debemos seguir levantando bien alto las banderas de la lucha de clases, sacar lecciones de los acontecimientos y superarlos para triunfar.

    La sub burguesía argentina sacó lecciones de esos acontecimientos y uno de sus mejores alumnos fueron los K, que pudieron garantizar salvaguardar el semi Estado y sus instituciones y cuidar los negocios de la burguesía y el imperialismo, pero solo de forma transitoria e inestable. Lograron cooptar a gran parte de los organismos de derechos humanos y a las organizaciones piqueteras que se habían formado al calor de la crisis. El movimiento piquetero influenciado por la izquierda sigue siendo a 20 años de aquellos acontecimientos un actor importante en los procesos de lucha.

    El temor al 19 y 20 no es tanto que se repita, sino que está muy fresco en la memoria colectiva y gran parte de los que participaron en esos acontecimientos siguen siendo parte activa de las luchas a lo largo de estos 20 años. Una nueva generación nació a la lucha en esos días, o hizo sus primeras armas en la acción, y aún no ha agotado sus fuerzas y no ha sido derrotada físicamente y eso es un peligro latente para la burguesía. El macrismo aun recuerda el fin de su gobierno en los eventos en las afueras del Congreso cuando se trataba la ley de movilidad jubilatoria.

    Debemos pelear en contra del acuerdo con el FMI, con el cual todas las fracciones burguesas tiene acuerdo, la disputa por el presupuesto que dieron en el Congreso lo demuestra, donde tanto el PJ como la oposición se peleaban por el nivel del ajuste.

    Por eso es necesario un Congreso de delegados de base con mandato, que vote un plan de lucha unificado entre estatales y privados, que organice a los desocupados y trabajadores en negro, y prepare un PARO NACIONAL ACTIVO, con ocupaciones de fábrica, de edificios públicos, cortes de ruta, piquetes y bloqueos de los parques industriales, por el aumento inmediato del salario y jubilaciones hasta equiparar el costo de la canasta familiar, indexado al aumento de la inflación, la eliminación del impuesto al salario, contra el aumento de tarifas y de precios y el pase a planta de todos los contratados y trabajadores en negro.

    Este va a ser un gran primer paso para reunificar las centrales en una sola y fuerte organización que permita centralizar la lucha y echar a los burócratas.

    Por eso, contra el desorden capitalista la tarea de los trabajadores de vanguardia es preparar la toma y puesta bajo control obrero de las multinacionales que expolian al país, tanto de la industria como del campo, para imponer el control de la producción por ramas de la industria y los servicios y la escala móvil de horas de trabajo y salario, que nos permitirá ejercitarnos en la lucha por el poder y la instauración de un gobierno obrero.

    Hace 20 años sectores de masas salieron a enfrentar el ataque sin organización, con direcciones reformistas y sin objetivos claros. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente y los trabajadores con la lucha, han alcanzado mediante la experiencia un acervo que les permite sacar conclusiones. Estas son: necesitamos un programa, una dirección y un método y organización obreros que nos permita no sólo resistir, sino ir por todo.

    Lamentablemente, las variantes estatistas y reformistas ponen miles de obstáculos para que se saquen lecciones del camino recorrido. Incluso muchas corrientes que se reclaman de izquierda y participan de las luchas obreras, como el FITU, no alejan a los trabajadores de la influencia de las instituciones patronales, sino que, precisamente, los acercan, con su electoralismo y legalismo. Por eso desde la COR peleamos por la independencia de clase y por el enfrentamiento a los capitalistas, su Estado y sus instituciones.

  • Otra derrota en medio de la crisis

    El gobierno no pudo remontar los resultados de las PASO y volvió a sufrir una derrota en las elecciones del 14 de noviembre, donde perdió a nivel nacional contra Juntos por el Cambio, por más de 8 puntos. El oficialismo ya no tiene el quorum en el senado y se sigue discutiendo la cantidad de diputados en la cámara para cada fuerza. Donde hizo una remontada fue en la provincia de Buenos Aires, pero también perdió ante Juntos por 1 punto de diferencia.

    Fue una de las elecciones con menor concurrencia de la historia y se expresó el llamado voto bronca, por fuera de las dos grandes coaliciones, recibiendo un mayor caudal de votos tanto la derecha, expresada por Milei y Espert, como la izquierda parlamentaria del FITU, que logró 4 diputados nacionales e hizo una gran elección en el conurbano bonaerense.

    El gobierno, consciente de que iba a perder, lanzó en un discurso grabado del presidente un llamado a discutir en el Congreso el acuerdo con el FMI. En ese discurso reconoció que la ley de presupuesto, con el pomposo nombre de "plan plurianual", está consensuada con el FMI. A tan solo algunas horas de terminados los comicios, con los que llamaron a las masas a "cumplir con su deber democrático", mostraron el verdadero rostro de la democracia burguesa: cada dos años debes elegir a tus verdugos, en este caso, los representantes para subordinarse a la agenda del FMI. En el acuerdo con este organismo imperialista no hay diferencias entre las distintas fracciones burguesas y pequeño burguesas que conforman las coaliciones electorales, los matices son sólo sobre cómo deben aplicar las medidas que éste pretende imponer para el acuerdo.

    Ante el escenario que ha quedado en las dos cámaras legislativas, donde la oposición tiene más peso de negociación y poder de veto para trabar algunas leyes, el gobierno ha definido buscar el consenso político para gobernar los próximos dos años imponiendo los mandatos del imperialismo y el FMI en organismo como el Consejo económico y social, donde puede acordar con los empresarios, los movimientos sociales y la burocracia sindical. De esa manera buscará debilitar el poder de la oposición burguesa en medio de una crisis económica, política, social y sanitaria que las elecciones no han despejado, sino que han acelerado.

    Para que este plan de supervivencia del gobierno funcione, debe revitalizar al peronismo decadente, e intentar mostrar unidad dentro de las distintas alas. Alberto pretende apoyarse y dar más poder a los intendentes, gobernadores y, centralmente, a la burocracia sindical, a la que necesita para imponer la reforma laboral y jubilatoria que exige el FMI. A esto apunta el acto en Plaza de Mayo para el miércoles 17/11, convocado por la CGT. De esa forma tendría más poder de fuego para sentarse a negociar con la oposición burguesa los equilibrios de poder en un semi Estado.

    Es evidente que en este plan no están contemplados los trabajadores y el pueblo pobre, somos sobre los que quieren descargar la crisis para garantizar el pago de la deuda externa con el FMI y sostener los negocios de quienes ellos representan, los grandes empresarios internacionales y nacionales de la industria y el campo.

    Debemos organizarnos para enfrentar el ajuste y los planes de reformas que prepara el gobierno en alianza con la oposición burguesa, los empresarios, la iglesia y la burocracia sindical.  Este ataque a los trabajadores vendrá con represión y criminalización de la protesta, como lo podemos ver en la condena a los compañeros Arakaki y Ruiz, del PO y PSTU respectivamente, por luchar contra la reforma laboral del anterior gobierno. Aunque formalmente intenten mostrar que la pelea va a pasar por el Congreso, la lucha real va a estar en las calles, en los sindicatos y lugares de trabajo, es ahí donde podemos golpear con fuerza a nuestros enemigos de clase.

    Debemos enfrentar el acuerdo con el FMI con los métodos de la clase obrera. Llamamos a un Congreso de delegados de base con mandato que prepare las condiciones para un Paro general, para recuperar todo lo perdido por la pandemia y desarrollar una vanguardia obrera que expulse a la burocracia de nuestros sindicatos y sea un embrión de la construcción de un partido revolucionario, como sección de la reconstrucción de la IV internacional.  

  • Complaciendo al capital

    En la reunión del G20, en la cual participó la Argentina, el presidente Fernández llevó el mandato del Frente de Todos de “no pagar la deuda externa”. Pero en los fundamentos de su moción decía “vamos a pagar, pero primero déjennos crecer”, con esa tarea Alberto se dedicó a buscar sacarse fotos con los líderes de los países imperialistas suplicando afecto y, mientras tanto, Guzmán negociaba la letra chica de la sumisión de la Argentina a los designios del FMI.

    En medio de estas negociaciones estamos llegando a los últimos días de la campaña electoral donde el gobierno se ve como perdedor y con pocas chances de revertir la derrota de las PASO. Es por eso que intentan, dentro del caos que es la coalición de gobierno, pensar una transición con lo que le queda de mandato, para salvaguardar al régimen político y evitar una crisis mayor en su relación con las masas.

    Quizás la mayor crisis que debe afrontar es la del peronismo como movimiento histórico, que fue una formación política que se conformó en el periodo de posguerra como un frente popular en forma de partido para contener los procesos revolucionarios que se estaban desarrollando al interior de la clase obrera de esa época y, mediante concesiones estatales, reforzar al semi estado burgués.

    Hoy esa dirección contrarrevolucionaria ha perdido gran parte de su base social, y aquella idea de un estado de bienestar a lo Latinoamérica no podía prosperar por su relación con el imperialismo lo que ha generado una mayor descomposición de los semi estados y con ello la descomposición de las capas privilegiadas que viven del poder estatal.

    El festejo por el 17 de octubre fue la expresión de una encrucijada histórica de un movimiento sin rumbo, reivindicando un periodo histórico que no volverá y una situación mundial que los lleva a tener poco margen para negociar las migajas que se le caen de la mesa al imperialismo.

    Quizás por desesperación a que el PJ la traicione y la vuelva a dejar en el llano, Cristina fue de las pocas que en la efeméride del 17 esbozó una idea, obvio no de ella, pero que intenta dialogar con la época. En una disertación que hizo en la ex ESMA planteó que debían ir a un nuevo pacto entre el capital y el trabajo. Esto se estaba discutiendo antes de la pandemia, ya que el imperialismo considera que deben ir contra las conquistas que tuvieron que conceder en el periodo de posguerra ante el fantasma del comunismo y cuando aún existía la URSS, porque ese escenario ya no existe. Es significativo que mientras en Europa se desmonta ese famoso Estado de bienestar, en EEUU algunos procesos huelguísticos que se formaron en plena pandemia levantan algunas ideas de relaciones laborales que existían en los Estados de bienestar.  

    La traducción, a lo Cristina, es intentar una reforma laboral que quite conquistas a los trabajadores, no de forma burda como lo plantea Juntos por el Cambio, sino buscando legalizar la flexibilización laboral en las empresas. Plantea que hay que abaratar el costo laboral a las empresas e incorporar una mano de obra barata mediante la transformación de los planes sociales en planes de empleo, centralmente en los sectores de jóvenes, subsidiando el salario a los empresarios, como estamos viendo en la UOCRA, o modificando los tiempos de trabajo como vemos en Toyota. Y este plan requiere fortalecer a la burocracia sindical, aunque su idea es que sea su movimiento, La Cámpora, la que cope los sindicatos, cuestión de difícil resolución, ya que la gran mayoría de ese movimiento son parásitos del Estado.

    Con todos los límites que tiene esa idea contrarrevolucionaria, es un intento de hacer sobrevivir a una fracción del peronismo intentando recrear una nueva base social en los movimientos piqueteros y en una nueva generación que ingresa a la producción sin el verso de que Perón te dio todo.

    Esta crisis, que el FITU pretende canalizar mediante los votos, es una visión parlamentaria de las relaciones de fuerza dentro de un Estado, pero las relaciones de fuerza se miden en la producción, es ahí donde está el poder real de la burguesía y sus aliados.

    La coalición gobernante se prepara para acordar con el FMI y llevar a cabo el plan que le dicten. Reforma laboral, fiscal, previsional y un mayor ajuste son parte de la hoja de ruta para los próximos dos años de gobierno. Para eso el FMI pidió unidad burguesa detrás de este plan, es obvio que esa unidad es contra los trabajadores y el pueblo pobre, pero podemos ser los que hagamos saltar por los aires el acuerdo con el FMI y el ajuste.

     

  • La colisión de la coalición

    La histórica derrota en las PASO de la coalición que gobierna el país generó una crisis interna en el Frente de Todos, entre la vice presidenta y el presidente de la nación, para dirimir quién es dueño de la derrota y cómo se debe seguir dirigiendo los destinos del Estado.

    Esta crisis política en el seno del poder estatal desnudó la descomposición de las direcciones burguesas y pequeño burguesas en la administración de los negocios del gran capital extranjero y el capital nacional. Es una crisis histórica de los frentes populares en forma de partido, como fue el peronismo en sus orígenes, que, en el devenir de los procesos mundiales y la penetración imperialista en la región, fueron descomponiéndose de partido a coaliciones electorales, perdiendo base social.

    Por eso esta coalición electoral, que en este momento entra en un impasse peligroso, contiene en su interior, no al pueblo o a la juventud maravillosa de los ’70, como pretenden hacer creer en sus visiones mesiánicas de reencarnación de Perón, sino a sectores que expresan los intereses capitalistas de distintas ramas. El albertismo es defensor de los intereses de los grandes laboratorios extranjeros, nacionales y la industria farmacéutica; Cristina expresa a sectores de la burguesía nacional y los pequeños productores y busca alianza con el capital chino y ruso y Massa es un alfil de los grandes capitales extranjeros, centralmente del imperialismo norteamericano. 

    Debe quedar claro para el conjunto de los trabajadores que ninguna de estas fracciones defiende los intereses de nuestra clase. En medio de las peleas, cartas, operaciones de prensa enviaron al Congreso el presupuesto 2022, donde continúan el ajuste y dan por descontado el acuerdo con el FMI, y ahí no hubo diferencias. Es de un cinismo brutal la pelea que están dando las distintas fracciones de la coalición. No es nuestra pelea, es una dirección contrarrevolucionaria que está defendiendo los intereses de sus verdaderos amos, los capitalistas.

    En la crisis política en desarrollo confesaron que estaban haciendo un ajuste, que le robaron a los jubilados, que hicieron caer el salario real, que en plena pandemia tomaron decisiones políticas que causaron muchas muertes evitables, que sabían que venía la segunda ola de la pandemia y quitaron los subsidios. Esta es la verdadera foto para ver para quienes gobiernan.

    Mientras, la oposición burguesa se prepara para aprovechar la debacle del Frente de Todos y mostrarse como la cara ordenada de las reformas y ajuste que exige el FMI. En eso no tienen diferencias con los caídos en desgracia del gobierno.

    En tanto se desarrolla esta situación el FITU plantea que la solución es votarlos a ellos el 14 de noviembre. El régimen en su conjunto le debe estar agradeciendo semejante demostración de adaptación.

    Ante esta situación debemos abrir un debate al interior de nuestra clase, siendo claros sobre que cualquiera sea la solución que se le dé a la crisis abierta en la coalición de gobierno, no traerá nada bueno para nosotros. La conducción de la CGT también está dividida por las internas burguesas. El ala de Moyano, Palazzo, Sassia y cía. tienen incluso la caradurez de intentar lavarse la cara planteando que a ellos también les cabe “autocrítica” por la crisis social y la miseria en la que han sometido a la clase obrera. Todo es demagogia para intentar seducir a sectores obreros para el FdT. Solo podemos confiar en nuestros métodos y en nuestras propias fuerzas. Debemos organizarnos para enfrentar el acuerdo con el FMI, el ajuste y las reformas que planean, como la laboral y previsional entre otras. Debemos formar oposiciones sindicales revolucionarias en las próximas elecciones sindicales para derrotar a la burocracia sindical cómplice del ajuste y de la gestión estatal de la pandemia. Tenemos que echar a la burocracia sindical de nuestras organizaciones. Debemos impulsar un Congreso de delegados de base con mandato para imponer un paro nacional y un programa obrero de salida a la crisis. Debemos reagrupar a los sectores de vanguardia del movimiento obrero industrial, a los sindicatos combativos, a las comisiones y juntas internas combativas y las organizaciones del movimiento de desocupados independientes en plenarios regionales o por zona para preparar la lucha contra los ataques que se vienen. Buscando la unidad en el enfrentamiento al imperialismo con las organizaciones obreras de los países de la región.

    En esta crisis los trabajadores debemos intervenir de forma independiente y organizarnos para construir una dirección revolucionaria, que no es otra cosa que un partido para mostrar la potencialidad de nuestra clase convertida en vanguardia.

     

      

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