El retroceso de Trump, luego de amenazar con destruir una civilización entera en la guerra contra Irán, ha puesto en evidencia una vez más la debilidad del decadente imperialismo. También quedó manifiesta la desesperación de Israel, que atacó el Líbano después de haberse acordado la tregua, dado que el cese al fuego perjudicaba sus intenciones de hacerse con parte de ese país.
El imperialismo norteamericano, la actual dirección de esta fase del capitalismo imperialista, intenta revertir su pérdida de hegemonía recurriendo a su poderío militar, como uno de sus últimos recursos ante la imposibilidad de imponer su poderío económico y en la necesidad de recrear un nuevo equilibrio inestable. Este retroceso, aunque coyuntural, no es un problema menor, ya que lo debilita frente a las otras potencias y a nivel interno le ha generado una crisis política que no sólo puede expresarse en las próximas elecciones de noviembre, sino que puede profundizar las acciones de masas que vienen generando enormes movilizaciones contra el gobierno.
Pero ni siquiera ese poderío militar ha podido doblegar a Irán, que respondió con algunos ataques para desestabilizar a los aliados de EE. UU. en la región, centralmente a los países del golfo pero también a Israel, mostrando las debilidades de su supuestamente inexpugnable sistema de defensa antimisiles. Sin dudas, lo que más daño le generó al imperialismo y a la economía mundial en su conjunto fue el cierre del estrecho de Ormuz, provocando un aumento del precio del petróleo y una aceleración de la inflación a nivel mundial.
Este elemento muestra la podredumbre de la clase capitalista, que en su afán de sostener este sistema y sus Estados o semi Estados está dispuesta a llevarnos a la guerra y a mayores penurias, para defender sus intereses de clase. Nos pronunciamos por el triunfo de Irán en esta guerra, pero no defendemos el régimen brutal teocrático que fue impuesto por los ayatolas luego de la derrota del proletariado en la revolución iraní. El gobierno venía siendo puesto en jaque por las masas con las enormes movilizaciones de los últimos meses, resistiendo a la salvaje represión y persecuciones. Trump y Netanyahu quisieron arrancarles la lucha a las masas y utilizarlas como base de maniobra para una ruptura del régimen en base a sus intereses. El fracaso de esta intentona muestra la potencialidad del proletariado iraní y pone en primer plano sus tareas. Sostenemos que la derrota del imperialismo en Irán debe ser con la clase obrera a la cabeza de esa lucha antimperialista, que eche al gobierno de los ayatolas. Es necesario que el proletariado petrolero tome el control del estrecho de Ormuz y abra una situación revolucionaria en la región, que prepare a una vanguardia obrera que levante la bandera de la destrucción del enclave de Israel y de los gobiernos que apoyan a EE. UU. hacia una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente y el Magreb.
Esta tarea es imposible de realizar si no se desarrolla una solidaridad activa internacional para enfrentar al imperialismo y sus aliados. El proletariado norteamericano que viene enfrentando al gobierno de Trump y a su brazo paramilitar ICE, tiene que dar un paso más frenando la maquinaria bélica. Los trabajadores de la UE tienen que expulsar a EE. UU. de las bases militares que tienen en la región, enfrentar a sus gobiernos que fueron parte del genocidio en Gaza y que algunos hoy están dando un apoyo parcial a las políticas de Trump en Irán. La clase obrera de los ex Estados obreros debe actuar en la guerra Rusia-Ucrania planteando la perspectiva de una guerra revolucionaria que derrote a Zelensky y la OTAN y a Putin para frenar el proceso de asimilación catastrófica que se está desarrollando en la restauración capitalista. La clase obrera china tiene el papel central de enfrentar al gobierno del PCCH que es garante del acuerdo de tregua mediante la mediación de Paquistán y que viene de ser garante del genocidio en Gaza con la política de coexistencia pacífica con el imperialismo norteamericano. Los intereses de la burocracia contrarrevolucionaria China no son los intereses de los trabajadores. En su supervivencia de sostener un rol de clase, la burocracia china busca la restauración capitalista y su inserción en el sistema capitalista de forma diplomática, una utopía reaccionaria, imposible de que suceda de forma pacífica.
En Latinoamérica, es de vital importancia derrotar al imperialismo en Venezuela, tirando abajo el gobierno títere de Delcy Rodríguez, impidiendo el ataque a Cuba y rompiendo el bloqueo yanqui. En la Argentina tenemos que derrotar a Milei, aliado al imperialismo de EE. UU. en la región.
En este escenario mundial los revolucionarios tenemos que reagrupar nuestras fuerzas y organizarnos detrás de un programa transicional que impulse una lucha antimperialista y la combine con las tareas socialistas para enfrentar al capitalismo a escala mundial y derrotarlo.
Ante la magnitud de la crisis, la aceleración de las políticas guerreristas y las consecuencias para nuestra clase se torna urgente el llamado a una Conferencia Internacional con las corrientes que aún levantan la dictadura del proletariado. Hacemos este llamado desde la necesidad de avanzar en abrir un debate al interior de las corrientes trotskistas, para reagrupar a la vanguardia detrás de un programa revolucionario y poder intervenir en la situación internacional como dirección revolucionaria que aspira a que emerja una nueva generación que retome las tareas históricas de construir el partido mundial de la revolución, que en esta época es la reconstrucción de la IV Internacional.